di Ximo Company(dir.), Isidre Puig, Ma. Antonia Argelich, Marc Ballesté, Cristina Mongay, Gemma Avinyó
ABSTRACT: The Centre d’Art d’Època Moderna (CAEM) of the University of Lleida is a specialized research centre for the scientific study of the pictorial heritage that understands the direct observation of every piece of the work of art as the methodological foundation on which are integrated most traditional techniques in the field of the historic-artistic studies, like the comparative study and records and documents research. It is proposed the creation of historical and interpretative speeches with great consistency and credibility on the basis of a detailed registry of that material evidence.
Creado en el año 2000, el "Centre d’Art d’Època Moderna" (CAEM) de la Universitat de Lleida es un centro de investigación especializado en el estudio científico del patrimonio artístico, preferentemente el pictórico, que concibe la observación directa de cada estrato de la obra como el fundamento metodológico sobre el cual deben integrarse las técnicas más tradicionales en el ámbito de los estudios histórico-artísticos como son el estudio comparativo y la investigación archivística y documental. Sobre el minucioso registro de dicha evidencia material se propone la construcción de discursos históricos e interpretativos de mayor consistencia y credibilidad.
El estudio de la obra artística concebido en este centro se sustenta en la observación profunda e in situ de la pieza. Una observación directa y cercana de la pintura como objeto físico y material, durante la cual se documentan todas las características visibles y se exploran las que aún no siendo directamente visibles para el ojo humano, resultan también indicativas tanto del estilo y de la metodología del creador, como de las circunstancias en que la obra fue creada y de sus transformaciones en el tiempo.
Se trata de observar, evaluar y registrar los detalles de cada estrato de la obra: el soporte, la capa de imprimación, el dibujo, la capa pictórica y el barniz, entendiendo que cada dato puede ser significativo para alcanzar a descifrar formas de hacer de una época, la historia material del objeto o las decisiones técnicas y estéticas de un artista. Todo ayuda a conocer mejor los bastidores y el trasmundo del arte, la historia, el gusto, la sensibilidad, los procesos creativos y estéticos de una determinada sociedad, los comitentes, los mecenas, los grupos sociales, los compradores, vendedores, intermediarios y consumidores del arte.
La observación técnica no es la única aproximación a la obra artística que se lleva a cabo en el CAEM, pero suele ser la inicial y sobre la que se integran otras metodologías más tradicionales en el ámbito de los estudios histórico-artísticos como son, principalmente, el estudio comparativo y la investigación archivística y documental. En este sentido la comparación sistemática de la obra en estudio con fuentes visuales relacionadas se ha visto facilitada en el CAEM por la paulatina constitución de una bien dotada fototeca (con fotografías de altísima resolución) que facilita la ubicación de imágenes completas o en detalle de pinturas, dibujos, grabados, e incluso de reflectografías de infrarrojos y radiografías ya realizadas sobre muchas obras pictóricas por otros equipos de trabajo de ámbito nacional e internacional que ya se encuentran disponibles para su uso por parte de la comunidad científica.En todo caso, en el CAEM hemos aprendido que la obra artística nunca dejará de ser un objeto físico sobre cuya evidencia material se han de construir los más serios discursos históricos e interpretativos.
En España, Italia y Europa podemos dar un salto cualitativo excepcional si robustecemos nuestros discursos teóricos con un sólido y experimentado conocimiento de todo lo relativo a la esencia primaria del hecho artístico.
Desde nuestro meditado punto de vista una buena parte de nuestro futuro en clave expansiva de la Historia del Arte en España y en Europa en general, pasa por procurar que nuestros estudiantes no culminen sus estudios en el seno exclusivo de nuestras aulas universitarias. Ni siquiera debería ser suficiente con visitar monumentos in situ, o museos y buenas exposiciones en directo. Esto es mucho, pero no lo es todo. La buena revitalización de nuestra disciplina pasa por mucho más; requiere mucho más. Pasa por superar nuestra eterna condición de espectadores eruditos, distantes y epidérmicos, para implicarnos más, mucho más, en el estudio analítico –y por tanto cognoscitivo–, en directo y profundo, de todo aquello que encierra una obra de arte. La trama interna del hecho artístico es excepcional. Algo inaudito. Completamente desconocido (o muy insuficiente o vagamente conocido). Es nuestro primer e ineludible campo de estudio. Encierra una extraordinaria y riquísima información que de ningún modo debería quedar al margen de nuestros planes de estudio, de nuestro verdadero aprendizaje como historiadores del arte. No se trata de olvidar nuestros ulteriores y prioritarios objetivos como licenciados, graduados, doctores o profesionales del arte: teorizar sobre el hecho artístico, narrar y proyectar buenos discursos holísticos en clave histórica y artística. Todo lo contrario, conocer bien la materialidad de una obra de arte nos proporcionaría una mayor credibilidad social y profesional; nuestras narraciones ganarían en consistencia y solvencia. Las nuevas generaciones de historiadores del arte de nuestro país y de Europa en general serían mucho más completas. Estarían más reconocidas, más solicitadas.
Para todo ello, y en especial para afrontar exitosamente las dificultades que implican los estudios y análisis de obras artísticas inéditas y prácticamente desconocidas, el CAEM cuenta con la colaboración de un gran equipo humano de expertos nacionales e internacionales. Se trata de especialistas no sólo en diversas parcelas del saber histórico-artístico, sino también de otras ramas del conocimiento que resultan colindantes, complementarias y enriquecedoras para acometer, con rigor y en su globalidad, el estudio de la obra de arte.
Y es que la posibilidad de consultar, según el caso y la especialidad requerida, a cualquiera de los más de ciento veinte profesionales reunidos hasta ahora por el CAEM, es una de sus mayores fortalezas. Catedráticos y profesores de diversas universidades especialistas en diversos períodos estilísticos de la historia del arte, arquitectos, conservadores y restauradores de varios museos, químicos, físicos, ingenieros forestales, paleógrafos y otros expertos y técnicos en archivística, radiografía o identificación de lienzos y maderas, son la fuente de una sinergia que es clave tanto en la pesquisa de información muy específica sobre obras poco documentadas, como para acometer la interpretación pluridimensional de la obra artística desde todas sus peculiaridades. Eso es, para nosotros, la interdisciplinariedad y, aún más, la trandisciplinariedad, tal y como ya fue planteada en la Conferencia Internacional sobre Transdisciplinariedad (Zurich, 2000).[1]
La práctica de sumar otras disciplinas para ampliar las posibilidades de la investigación histórico-artística tuvo su origen en la dinámica de intercambio científico surgida entre los miembros del Grupo de Investigación “Art i Cultura d’Época Moderna” de la Universidad de Lleida –Grup de Recerca Consolidat reconocido por el Departament d’Universitats, Recerca i Societat de la Informació de la Generalitat de Catalunya–. La asesoría que los diecisiete miembros del grupo invirtieron desde sus respectivas especialidades en las nacientes iniciativas del CAEM permitieron vislumbrar que el capital humano añadía un importante valor diferencial tanto en el proceso como en el resultado de la investigación.
Por otro lado, con el objetivo de conseguir estudios razonados con cada vez mayor grado de precisión analítica, el centro ha ido dotándose de medios tecnológicos que lo faciliten. En la actualidad su Gabinete Analítico es de los más potentes y preparados de Europa. Un aspecto clave y muy distintivo del CAEM es su empeño por obtener imágenes fotográficas de calidad suprema. Ello es, cada vez más, una realidad al incorporar a nuestro potente equipo fotográfico, una cámara profesional de gran formato y altísima resolución. El uso de dos respaldos digitales permite el mejor aprovechamiento del equipo mediante la utilización expedita de filtros infrarrojos que posibilitan la captación de trazos subyacentes. Así mismo la realización de fotografías bajo radiación ultravioleta emitida por lámpara de Wood, hace posible observar y dejar constancia de retoques e intervenciones que no son visibles a simple vista.Un equipo de poderosas lentes fotográficas, en suma, que coloca al CAEM en una posición diferencial respecto a otros centros de investigación artística, en lo que se refiere a capacidad de visualización de la superficie pictórica. Observación que se complementa con el análisis del interior de la capa pictórica a través de la reflectografía de infrarrojos de tubo vidicon, con el empleo de equipos de radiografía y de microscopía electrónica y espectroscopía Raman para conocer la composición y antigüedad de cada uno de los pigmentos utilizados. Se trata de instrumental técnico que si bien en algunos casos se introdujo en el medio artístico por razones ligadas a la conservación y restauración, hace como mínimo más de medio siglo que también forma parte de un creciente número de investigaciones histórico artísticas. Sin duda, los historiadores del arte tenemos en el conocimiento y buen manejo de todos estos instrumentos un riquísimo e interminable filón de mejora analítica del estudio artístico.
Para valorar la importancia de los mencionados medios tecnológicos como herramientas complementarias para el historiador, no hay más que recordar como ejemplos, la repercusión de las campañas radiográficas realizadas en la década de los 30 del siglo XX sobre la interpretación de la obra pictórica de Giorgone,[2]o el más reciente papel que la radiografía está teniendo para la reconstrucción de altares cuyas tablas se encuentran dispersas por el mundo.[3]Igualmente es digna de mención la creciente intervención de la técnica de reflectografía de infrarrojos en la rectificación de atribuciones. Este último tipo de análisis técnico, que actualmente permite la documentación de los estilos dibujísticos subyacentes a la capa pictórica, hasta ahora se ha aplicado principalmente sobre obras de autores flamencos, por lo que mucho trabajo está aún pendiente por hacer respecto a todavía muchas más obras flamencas, y por supuesto a la gran mayoría de las obras artísticas hispanas, portuguesas, francesas, alemanas e italianas.[4]
El equipo técnico y humano del CAEM bien puede cubrir los requerimientos del ámbito de la arquitectura, de la escultura, o de las artes decorativas en general, pero, es en el análisis pormenorizado de obras pictóricas, en el que por ahora se han centrado la mayor parte de los esfuerzos realizados hasta el momento. El producto final es el estudio o informe –impreso y digital– que se elabora y se entrega, debidamente firmado por su autor o autores, y que contiene un peritaje riguroso apoyado en numerosos recursos visuales de alta calidad; en él, se establece con la máxima precisión posible la técnica, el estilo, el origen histórico, la cronología, la iconografía, el estado de conservación, por supuesto la autoría y también el valor patrimonial, cultural y económico de las obras que son objeto de estudio.
Se trata pues, de un centro que, en su estilo y concepción, es único en el marco de las universidades españolas, europeas y americanas. Intenta combinar la objetividad, rigor y convivencia multidisciplinar propias del mundo universitario, con la iniciativa y versatilidad necesaria para atender los requerimientos procedentes de diversos sectores públicos, corporativos y privados de la sociedad.Algunas iniciativas y experiencias de otros lares inspiran la labor del CAEM y confirman un acuerdo cada vez mayor en el conocimiento de la materialidad de la obra como punto de partida de toda reflexión posterior. Muchas de las más trascendentes investigaciones en el ámbito histórico-artístico reciente son encaminadas por equipos multidisciplinarios que se valen de tecnología punta para penetrar en los secretos de pigmentos y soportes. Tal utilización ha resultado especialmente fructífera cuando se ha sabido combinar con la acertada interpretación histórica, verdadero objetivo final de la información técnica, como magistralmente nos enseñan los estudios realizados en el marco del “Rembrandt Research Project”, en Holanda; o los llevados a cabo sobre la obra de Velázquez en el Museo del Prado por la norteamericana Gridley McKim-Smith.[5]Por otra parte, las exhibiciones didácticas, que muestran métodos de trabajo, exámenes físicos de los materiales, o fuentes iconográficas, son aún escasas pero empiezan a sucederse[6]y, al dirigirse al espectador desde una perspectiva tecnológica y culturalmente actual, consiguen comunicar mucho más sobre las piezas artísticas y sus circunstancias históricas, de lo que éstas son capaces de mostrar por sí solas.
Cabe advertir, por último, que la mayor fortaleza del CAEM es su equipo humano, sustentado sobre un riguroso código ético que a su vez se distingue por una elocuente consigna profesional: "nacemos para servir"; un servicio a la verdad neutral, independiente e indeficientemente científica de toda obra de arte.[7] Esa es su mayor riqueza.
Aunque la relación de sus diversos colaboradores y asesores científicos está en permanente aumento, citamos a continuación a sus principales componentes, algunos de ellos miembros del citado Grupo de Investigación Consolidado reconocido por la Generalitat de Catalunya: “Art i Cultura d’Època Moderna” (ACEM) de la Universitat de Lleida.






